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Micropropagación de Paulownia Clon In Vitro 112® |
Uno de los motivos indiscutibles del éxito de la paulownia es la propagación in vitro o micropropagación, una técnica que aporta grandes ventajas. La práctica totalidad de las explotaciones forestales de paulownia se crean a partir de plantones obtenidos en laboratorio, clones de súper árboles muy seleccionados que transmiten las mismas características de crecimiento desorbitado a sus descendientes.
Nadie utiliza semillas por varios motivos (salvo para jardinería). El principal es un principio genético. Imaginen un hombre con ciertas características hereditarias: ojos azules, gran altura, nariz aguileña, pecas, diabetes… Un hijo suyo, al margen de guardar cierto parecido, no tendría por qué heredar todas las mismas características. Puede que heredase alguna en menor o incluso mayor medida, pero jamás sería igual. Podría tener diez hijos y todos ellos serían distintos entre sí, pues con los genes del padre y los de la madre se producirían distintas combinaciones genéticas. En las plantas sucede exactamente igual, pues si sembramos manzanos partiendo de semillas de determinadas variedades selectas de culaquier especie, tampoco obtendremos plantas de esas mismas variedades, si no de la variedad original de la que partieron tales cultivares seleccionados.
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Micropropagación de Paulownia Clon In Vitro 112® |
Sin embargo, los vegetales tienen otro modo más de reproducirse: la reproducción vegetativa. Un esqueje produce una planta exactamente igual que la planta de origen: un clon. Por este motivo la planta o árbol que se selecciona para ser destinado a la clonación (o a injertar pies de variedades de raíz vigorosa o resistente al clima o a plagas) será siempre el mejor de entre los mejores.
Pero no todas las plantas se reproducen bien mediante esquejes tradicionales, por lo que se recurre a la micropropagación, una técnica delicada que se lleva a cabo en las condiciones controladas de un laboratorio.
Una plantación de clones no sólo dará como fruto los mejores ejemplares, sino que proporcionará homogeneidad de crecimiento y si se trata de ejemplares producidos mediante micropropagación, iniciaremos la plantación en ausencia de enfermedades y plagas (lo que no implica que tal esterilidad impida el contagio posterior).
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Plántulas de Paulownia Clon In Vitro 112® |
La micropropagación consiste en micro esquejes tomados de ciertas partes de las plantas de origen. Muy frecuentemente, las yemas apicales. En ellas se encuentra el meristemo, un grupo de células indiferenciadas o células madre que se están reproduciendo continuamente y especializándose a continuación en el órgano correspondiente: hojas, tallo, flores o lo que corresponda. Y si lo que corresponde son raíces, pues raíces. Los meristemos son más efectivos que el cambium, esa capa que encontramos adherida a la madera cuando pelamos un trozo de corteza de una rama o tronco, que se oscurece al poco tiempo en contacto con el aire igual que una manzana cortada. El cambium también está compuesto de células madre y genera indistintamente capas de madera hacia el interior, de corteza al exterior, yemas cuando corresponde, sobre todo después de una poda y también raíces cuando se trata de un esqueje tradicional o un acodo. Sin embargo, carece de la ventaja que tienen los meristemos de las yemas de ser lo más nuevo en la planta, materia virgen que no ha tenido tiempo de entrar en contacto con ningún patógeno (no está vascularizado y crece más deprisa que la propagación de los virus), por lo que la división de meristemos dará cepas estériles, libres de toda plaga.
Los explantos, o fragmentos obtenidos de la planta madre se someten a un proceso de desinfección que suele consistir en un lavado rápido, de un par de segundos, en etanol al 70 - 90%, seguido de unos lavados con con agitación en una solución de hipoclorito de sodio u otros desinfectantes con algún agente humectante. Seguidamente se procede a varios enjuagues en agua destilada para asegurar la desinfección de hongos y bacterias procedentes de la manipulación y del propio ambiente.
Posteriormente se seccionan en fragmentos más pequeños, siempre en condiciones de absoluta asepsia, y se depositan sobre los geles de cultivo en tubos de ensayo y pasan a las incubadoras de ambiente controlado. O bien se procede a seccionar el meristemo de la yema apical para trabajar a partir de él. Los meristemos suelen ser poco viables, pero mejora considerablemente su establecimiento si se incluyen los primeros primordios foliares. En ambos casos, pero especialmen te en el segundo, lo que se busca en un principio es la formación de callo. El callo es un glomérulo de células indiferenciadas que crece ayudado por la adición de ciertas hormonas o reguladores de crecimiento. Luego se produce una proliferación de brotes o pequeñas ramitas, que serán separadas al llegar a la longitud esperada y pasarán a nuevos medios de cultivo. Estos explantos, crecerán y se les forzará a hacer brotar sus llemas axilares más que a enraizar, de modo que vuelvan a poder cortarse nuevas ramitas e iniciar nuevos cultivos, produciéndose así un incremento exponencial de plántulas. Cuando se tienen las ne cesarias para introducir al mercado, éstas pasan otro medio de cultivo en el que cambian los reguladores de crecimiento para fomentar la producción de raíces. Cuando éstas son suficientes, se trasplantan a pequeñas macetas, normalmente bandejas de siembra, con sustrato limpio, aunque no necesariamente esterilizado (normalmente turba con mejoradores del tipo de la vermiculita o la perlita) y pasan a invernaderos con humedad próxima a saturación mediante nebulización u otros sistemas, siendo esta aclimatación ex vitro otra etapa crucial en el éxito de la operación. A partir de este momento pasan a un lento proceso de aclimatación al exterior, siendo el factor más delicado la humedad relativa del aire, pues las plántulas desarrolladas en niveles de humedad relativa cercanos al 100% tienen una estructura no preparada para retener la humedad (estomas perezosos, escasez de cutícula cérea...), de modo que una reducción que no sea lenta las deshidrataría, pues las raíces no serían capaces de suministrar tanta agua como evaporarían las hojas.
El medio de cultivo o medio basal ha de contener todos lo snutrientes que la planta necesita para crecer sin raíces y determinados reguladores de crecimineto. Se suele utilizar la fórmula de Murashige y Skoog (MS), aunque también existen otras más modernas como la de Gamborg (B5) o la WPM, con menor concentración de sales.
A estas sales, tanto de macronutrientes, como de micronutrientes, se les añade sacarosa como fuente de carbohidratos, vitaminas del grupo B (principalmente B1, pero también B3, B5 y B6), aminoácidos (la L-glutamina es útil en cultivos de callos, aunque también se pueden adicionar otros aminoácidos esenciales), reguladores de crecimiento y un gelificante como el agar o la gelrita.
Los reguladores de crecimiento se dividen en varios grupos. El de las auxinas provoca elongación de los tallos, dando dominancia a la yema apical, induce la producción de raíces y también beneficia algo a la producción de callo. Las más utilizadas son el ácido indol-3-butírico (AIB o IBA, según si las siglas proceden del castellano o del inglés,, respectivamente) ácido naftalenacético (ANA o NAA), muy empleadas en la inducción de raíces, ácido indolacético (AIA o IAA) y el ácido diclorofenoxiacético (2,4-D) más utilizado para la formación de callo. Entre las citoquinas encontramos la bencilamino purina (BAP), la quinetina y la isopentenil-adenina (2-ip) y están indicadas para fomentar la divisón celular, la creación de yemas en los callos y la eliminación de la dominancia apical, fomentando el brote de las yemas axilares con vista a la micropropagación. También se usan, aunque raramente las giberelinas, como el GA3. Y por último, también en determinadas ocasiones, el ácido abscísico (ABA).
Sobre la cantidad que hay que añadir al medio de cultivo de cada una de estas sustancias hay demasiada bibliografía y varía enormemente dependiendo, no sólo de la especie a cultivar, sino de la parte de la planta madre que sirvió de origen y, sobre todo, de la fase del proceso que se esté aplicando en cada momento. En realidad, los laboratorios acumulan experiencia realizando experimentos con distintas variaciones de las fórmulas anteriores y averiguan cuál les va mejor para la especie que cultivan, aunque esto tiene un coste tremendo para ellos y entra en el secreto profesional que cada laboratorio guarda con el celo correspondiente.
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